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Historia

Corría el año 1926. En Madrid existían una serie de arrabales poblados por inmigrantes del deprimido campo español. Estos barrios se hallaban lejos del centro de la capital debido al Plan de Castro (1890). El mundo laboral de aquella época se caracterizaba por fuertes desequilibrios: las clases altas, aunadas, impedían el poder político al movimiento obrero. Este hecho, unido al escaso nivel cultural de la clase trabajadora y a cierto desamparo religioso y espiritual, se tradujo, muchas veces, en posiciones extremas y violentas. Esto último llevó al hoy Beato P. Rubio a uno de los mencionados arrabales, La Ventilla: un lugar apropiado para testimoniar la Fe que él predicaba.

Una casa particular, situada en la actual calle Mártires de La Ventilla, le sirvió como primer emplazamiento. Mientras tanto, en unos terrenos cedidos por Dña. Carmen Ibáñez, se construía un complejo con escuela, iglesia y dispensario.

Dicho edificio fue construido en 1931, dos años después de la muerte del P. Rubio.

Estaba dispuesto en forma de «E»: en el centro se hallaba la iglesia; al Este, la escuela, con cinco aulas y vivienda para los profesores; y al Oeste, el dispensario y la residencia.

Ayudaban al Padre en su labor dos maestros, Juan y Demetrio de Andrés, y la Asociación de Damas Católicas de Madrid.

La neutralidad observada por España en la Primera Guerra Mundial produjo un acelerado cambio económico. Para abastecer a los dos bandos floreció una industria que recurrió a la mano de obra rural. Las masivas exportaciones, aun a costa del consumo interno, proporcionaron un capital que, en lugar de modernizar la economía del país, fue dilapidado en especulaciones. Por ello, surgieron bolsas de pobreza en las ciudades industrializadas.

Éste es el origen de La Ventilla: un barrio construido fundamentalmente por chabolas superpobladas, erigidas sobre terrenos sin servicios, con una media de 65 m cuadrados, y sin condiciones higiénicas. La distancia con Madrid no era, pues, sólo física (mediaban entre ambos otros núcleos obreros), sino también cultural, económica y social; La Ventilla era considerada un barrio de traperos.

casa martires ventilla
En esta casa situada en Mártires de la Ventilla, es donde comenzó el P. Rubio su labor en el barrio. En la fotografía el P. García Murga Conversa con un grupo de niños durante la visita del primer biógrafo del Beato al barrio.

Situada al Noroeste de Madrid, pertenecía al distrito de Chamartín de la Rosa. Paulatinamente, entre la carretera de Francia y los caminos rurales, fueron edificándose, en pequeñas concentraciones, las primeras construcciones públicas. Tales construcciones (hospitales, instituciones religiosas de diversa índole, etc.) se encontraban en las calles que constituyen los actuales límites del barrio: Plaza de Castilla, Castellana, Parque de La Ventilla, Fernández Almagro y Pinos Alta; mientras, poco a poco, otros edificios las iban uniendo entre sí. Faltaba, por tanto, un ordenamiento de solares y calles, de servicios públicos mínimos... ; en suma, un plan urbanístico oficial. Con la construcción de chabolas, que proporcionan a la zona un carácter de marginalidad, se había transformado un espacio rural en urbano. 

La obra emprendida por el P. Rubio era necesaria para paliar la difícil situación del barrio y, obviamente, fue apoyada por casi todos sus habitantes, que consideraban esta Escuela como una forma de integrarse en una sociedad hostil. Los hermanos De Andrés, establecidos unos años antes en la zona, organizaron las clases. Por la mañana las impartían a los pequeños y por la noche a los mayores; a estos últimos se les daba formación profesional para potenciar sus posibilidades en el mundo laboral.

antigua escuela
Imagen de la antigua escuela 1929

La Compañía de Jesús se hizo cargo de la Iglesia, con ayuda de la Acción Católica (movimiento cristiano de preocupación social). Sin embargo, durante la República, los jesuitas tuvieron que abandonar España, a causa de su cuarto voto: «obediencia directa al Papa», que era incompatible con la ley constitucional. Por ello, apenas se han podido obtener datos concretos sobre el período que abarca desde este momento hasta pasada la Guerra Civil. Lo que sí sabemos es que la Iglesia se cerró. Algunos de los vecinos que vivieron su infancia en aquellos años creían que los hermanos De Andrés eran los sacerdotes encargados del templo. El Centro docente, en cambio, siguió funcionando con D. Juan y D. Demetrio como Escuela privada independiente, según la Ley de Enseñanza de la República.

De lo que sí se tiene noticia cierta es de que, en el verano de 1936, los maestros y los tres responsables de Acción Católica fueron detenidos por unos extremistas y fusilados en la carretera de Francia, cerca de donde hoy se halla La Paz, para ser finalmente enterrados en una fosa común del cementerio de Fuencarral. Pero después de estas vicisitudes, en 1940 vuelven los jesuitas a hacerse cargo de la Iglesia, ahora parroquia del barrio, y de la Escuela, que desde 1939 era comedor del Auxilio Social.

En esta nueva etapa, los restos de los maestros fueron trasladados a un altar de la parroquia fabricado por dos antiguos alumnos. En las cinco aulas de la Escuela se impartían clases diurnas de primaria y clases nocturnas de electricidad, a cargo, estas últimas, de un ingeniero del ICAI. En un principio los maestros eran interinos, con lo cual se trasladaban frecuentemente a otros puestos de trabajo. Para evitar este problema, el nuevo encargado de la Escuela, el P. García Murga, solicitó al Ministerio de Educación un Patronato: una entidad cedía los locales del Centro Escolar y el Estado enviaba los «maestros nacionales», como se llamaba entonces a los funcionarios docentes. Esto proporcionó a la Escuela mayor estabilidad. El propio P. García Murga seleccionó a los aspirantes: publicó en la prensa los requisitos necesarios para éstos y fueron presentadas un centenar de solicitudes, con sendos informes del Inspector del Ministerio y del párroco de la zona. Después de sopesar su preparación para la enseñanza (música, deporte y actividades profesionales) resultaron elegidos: D. Juan Sánchez Alarcón, D. Manuel García de la Navarra, D. Hilario Caballero, D. Fidel Sanchez Fatiño y D. Gregorio Fraile, de los cuales los cuatro últimos se jubilaron en Piquer. Quedó así establecida la Escuela en Régimen de Consejo de Protección Escolar por O.M. 18/Febrero/1953 y B.O.E. 17/Marzo/1953. En aquel año apareció, además, otra novedad en el Centro: una clase para párvulos que estaría a cargo de la Señorita Vicenta, hija de D. Manuel Carda de la Navarra.

Con la llegada de nuevos profesores, las viviendas para los maestros resultaban insuficientes, por lo que se buscó ayuda en antiguas amistades de familia, y así llegó a colaborar, incluso, el entonces alcalde de Madrid Conde de Mayalde. De este modo se pudo disponer de casas cercanas al Centro.

Pero veamos un somero panorama del entorno urbanístico de aquellos años. La iniciativa oficial presentó alguna atención al barrio: se expropiaron terrenos y así se crearon el Parque de La Ventilla (que había sido un antiguo vertedero) y un Poblado de Absorción. Sin embargo, al tratarse de un plan urgente, las pretendidas mejoras carecían de calidad; se deterioraron rápidamente y produjeron malas condiciones de habitabilidad. Un buen ejemplo de esta situación fueron los «bloques pantalla», construidos para ocultar la pobreza del barrio en la zona cercana a la carretera de Francia. En la actualidad, gracias al Plan 18.000, se está nuevamente edificando sobre aquellos solares y se están remodelando las calles S. Aquilino y Vía Límite.

tumba

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



La tumba de los Hermanos de Andrés en la antigua Iglesia de S. Francisco Javier; situada bajo un altar a la derecha de la nave central y realizado por sus antiguos alumnos. En la Lápida se puede leer la dedicatoria hecha por ellos.

Coincidiendo con el estreno del Patronato de la Escuela (1952), el barrio se va transformando. Se reorganizan sus límites por iniciativa privada (calles de Bravo Murillo y Pinos Alta) u oficial (Paseo de la Castellana), y adquiere una nueva perspectiva. Ya no se veían, llegando desde el Norte, las desafortunadas «casaspantalla», y en la Plaza de Castilla se había abierto una estación del Metropolitano. De todas formas, La Ventilla seguía quedando aislada de todo plan, y en ella se especulaba y se construía anárquicamente.

Si miramos, por otro lado, las despensas de aquellas humildes viviendas, no las encontraríamos muy llenas. La población, después de la Guerra Civil y en los años del Bloqueo, era pobre; y no sólo estaba mal nutrida, sino también mal provista de ropa.

El P. Carda Murga, desde la escuela, tomó acertadas iniciativas en todos los frentes para paliar aquella triste situación: para evitar posibles desigualdades en el vestir, estableció el uso de unos guardapolvos idénticos para todos los alumnos; unas modistas cortaban los patrones y las propias madres los confeccionaban. En lo relativo a la alimentación, consiguió que en el Centro hubiera unos comedores en los que se ofrecían a los chavales comidas dignas. Mediante diversas entrevistas con el Delegado Nacional del Auxilio Social, obtuvo una subvención de dos pesetas por alumno y día; el resto procedía de las cartillas de racionamiento de los alumnos y de productos básicos (aceite, garbanzos... ) que le proporcionaban en tiendas y en pueblos. El Auxilio Social facilitaba ropa en Navidades e incluso los trajes de Comunión.

 primeros cursos

Uno de los primeros cursos de la escuela, alumnos de primaria con D. Fidel G. y al fondo se puede ver a D. Gregorio Fraile.

También en el terreno académico había que pertrechar bien a los alumnos, con una sólida formación profesional que les permitiera insertarse laboralmente en un mundo urbano que, cada vez más, se acercaba a La Ventilla. Así pues, el P. García Murga inició la creación de unas Escuelas de Formación Profesional. Para ello llevó a cabo una campaña publicitaria por el barrio y aledaños y solicitó donativos. Se encomendó al pionero P. Rubio, a quien había conocido en Aranjuez: mientras éste vivía sus últimos días, aquél realizaba su noviciado. Al final de las clases tenía lugar una novena para implorar su intercesión. Así, poco a poco y no sin dificultades, se fueron adquiriendo las pequeñas parcelas colindantes a San Francisco Javier.

Pero el impulso definitivo que tanto se venía pidiendo llegó de la mano de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad.

casas ventilla

Perspectiva de la Ventilla donde se puede apreciar... las viviendas, casas bajas y chabolas, sin las menores comodidades, y con pequeños corrales para realizar el trabajo de traperos. Al fondo de la imagen, casas pantallas, que aislaban el barrio del resto de la ciudad.

Por aquellos años (inicios de la década de los 60), D. Guillermo Escribano, entonces Director General de dicha Entidad, y el Conde de Elda, Presidente del Consejo de Administración, pretendían que la política social de la CAMP contemplase la formación de las clases menos favorecidas. Guillermo tenía amistad con el P. Olleros, y el P. Arredondo daba ejercicios espirituales a grupos de trabajadores de la Caja. A través de estos contactos se conoció la labor que la Compañía de Jesús estaba realizando en La Ventilla y, por fin, el Consejo de Administración de la CAMP decidió crear unas Escuelas Profesionales: compró todos los terrenos necesarios y encomendó la «Dirección Pedagógica, Técnica y Profesional» a la Compañía «por su singular preparación y gran experiencia docente entre la juventud». Así, el 3 de octubre de 1965 se colocó la primera piedra, y el día 13 de ese mismo mes ya se podía ver cómo llegaban los primeros camiones. Comenzaba su andadura las Escuelas Profesionales Padre Piquer:

 

 

primera piedra

Colocación de la primera piedra. (3/10/1965) el P. Arredondo introduce documentación en ella.

 

 
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